La Guardia Costera taiwanesa interceptó el 20 de mayo a dos ciudadanos chinos que intentaban entrar ilegalmente a la isla de Erdan (二膽島), en el archipiélago de Kinmen. Fueron detectados mediante un sistema infrarrojo cuando se acercaban en una pequeña embarcación, desde la cual lanzaron una balsa de poliestireno para alcanzar tierra. En una operación conjunta con el Ejército, los dos hombres fueron detenidos en menos de tres horas y puestos a disposición judicial por violar la legislación migratoria.
El caso se suma a una serie de intentos recientes de entrada ilegal desde China continental, entre ellos el de un padre e hijo que se entregaron en la costa de Taoyuan, y el de un influencer chino que plantó una bandera en una playa cercana. Estos sucesos han generado inquietud sobre la capacidad de los radares actuales para detectar embarcaciones pequeñas a nivel del mar, ya que algunos de estos intrusos han logrado desembarcar sin ser detectados inicialmente.
Como respuesta, las autoridades planean reforzar el sistema de vigilancia en la costa con nuevos radares de corto alcance y sensores térmicos de alta resolución, capaces de detectar movimientos hasta 12 kilómetros mar adentro. Aunque estos equipos son costosos, su eficacia ha sido probada y la tasa de captura de intrusos en la zona de Kinmen alcanza ya el 94 %. La Guardia Costera y los expertos insisten en seguir invirtiendo en tecnología y recursos humanos para proteger las fronteras marítimas de Taiwán.