El ejercicio civil de simulación militar sobre la defensa del estrecho de Taiwán concluyó el 11 de junio. Este “juego de guerra” atrajo gran atención por la participación de 17 altos mandos retirados: 9 generales de cuatro estrellas y 8 tenientes generales procedentes de EE. UU., Japón y Taiwán. Entre ellos destacó el almirante Dennis Blair, excomandante del Mando del Pacífico de EE. UU., cuyas recomendaciones fueron clave para estructurar el sistema actual de simulaciones del Ministerio de Defensa de Taiwán. En paralelo al ejercicio, China continental intensificó su actividad militar cerca de la isla, desplegando en 24 horas 43 aviones y 6 buques en maniobras de hostigamiento.
Según datos del Ministerio de Defensa, tan solo el 10 de junio se detectaron 32 aviones militares chinos, 16 de ellos cruzando la línea media del estrecho. El 11 de junio se confirmó que el total en 24 horas ascendió a 43 incursiones aéreas y 6 navíos. Algunos analistas consideran que esta actividad es una respuesta directa a la simulación, la cual imaginaba un escenario de invasión china a Taiwán en el año 2030. Pese a la presencia de figuras clave de EE. UU. y Japón, como el exjefe del Estado Mayor Conjunto Mike Mullen y el exjefe de Estado Mayor japonés Shigeru Iwasaki, los organizadores recalcaron que no se busca formar una “alianza anti-China”.
La simulación reveló deficiencias importantes en la capacidad de respuesta taiwanesa. En el primer escenario, que contemplaba acoso dentro de la llamada “zona gris”, los equipos taiwaneses no lograron reaccionar eficazmente ni cuando las fuerzas chinas cruzaron el límite de 12 millas náuticas. En el segundo escenario, un buque patrullero taiwanés resultó gravemente dañado por una colisión con una nave china sin que se ejecutara una contraofensiva. Esto llevó al exministro de Defensa Tsai Ming-shian (蔡明憲) a pedir una revisión del protocolo del “primer disparo”. A la espera del ejercicio militar Han Kuang en julio, expertos exigen ajustes para corregir las fallas detectadas.