En la ciencia no hay magia. Huawei, gigante chino de las telecomunicaciones, logró durante años avances notables gracias a los chips fabricados por la empresa taiwanesa TSMC, conocida como la “montaña protectora” de Taiwán. En 2019, Huawei era su segundo mayor cliente, representando el 14 % de sus ingresos, solo por detrás de Apple. Sin embargo, tras las sanciones impuestas por Estados Unidos, Huawei tuvo que recurrir a la fabricación nacional. Ahora, seis años después, su fundador Ren Zhengfei (任正非) ha admitido públicamente, en una entrevista de portada con el Diario del Pueblo —medio oficial del Estado—, que “nuestros chips siguen una generación por detrás de EE. UU.”.
Mientras tanto, en Londres, delegaciones de Estados Unidos y China continental mantienen conversaciones económicas. Según Kevin Hassett, presidente del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, la administración Trump prevé una posible relajación de los controles a las exportaciones tras un acuerdo con China continental, lo que incluiría una mayor liberación de tierras raras por parte de Pekín. Entre las prioridades chinas estaría precisamente el alivio de las restricciones en el sector de los semiconductores, donde a pesar de enormes inversiones estatales, China sigue sin alcanzar los estándares de los procesos más avanzados.
Ren Zhengfei admitió que EE. UU. ha exagerado la capacidad real de Huawei y pidió “paciencia estratégica” al pueblo chino, reconociendo que la investigación de base requiere largos ciclos de desarrollo. Ante las limitaciones actuales, propuso una solución temporal basada en la combinación y agrupación de chips para mejorar el rendimiento. También recordó que TSMC aún domina más del 90 % de los procesos más avanzados, razón por la cual el expresidente Trump buscó llevar su producción a suelo estadounidense.