El presidente de China continental, Xi Jinping (習近平), y su homólogo estadounidense, Donald Trump, mantuvieron una conversación telefónica la noche del 5 de junio, la primera desde que Trump regresó a la Casa Blanca. Según la televisión estatal del continente, Xi aprovechó la ocasión para advertir sobre el "peligro de que un pequeño grupo de independentistas taiwaneses arrastre a China y EE. UU. a una confrontación". La cadena subraya que el tema de Taiwán fue tratado explícitamente, aunque el resumen oficial estadounidense no incluyó ninguna mención al respecto, centrándose únicamente en cuestiones comerciales, los estudiantes chinos en EE. UU. y las exportaciones de tierras raras.
Las reacciones en Taiwán no se hicieron esperar. El legislador del Partido Democrático Progresista (PDP), Lai Jui-lung (賴瑞隆), afirmó que, aunque Xi intente presionar a Trump para que reniegue del apoyo a la independencia, Estados Unidos es plenamente consciente del papel estratégico de Taiwán tanto en la seguridad regional como en las cadenas de suministro tecnológicas. En su opinión, una anexión de Taiwán sería inaceptable para EE. UU. debido al daño que causaría a su defensa en la primera cadena de islas del Pacífico y a sus intereses industriales.
Desde el otro lado del espectro político, la diputada del Kuomintang, Chen Yu-jen (陳玉珍), expresó su inquietud por la aparente omisión del tema de Taiwán en el comunicado de Trump y advirtió que la isla podría estar perdiendo capacidad de influencia en el marco estratégico entre las dos potencias. Por su parte, la diputada Rosalía Wu (吳思瑤) (PDP) criticó con dureza a China continental, calificándola de “perturbadora del orden internacional” y de “mayor amenaza para la ciberseguridad global”. Chen pidió al Gobierno taiwanés que reevalúe su estrategia internacional y busque con urgencia un mayor respaldo global para evitar ser marginado en la pugna geopolítica entre Washington y Pekín.