El Ministerio de Relaciones Exteriores celebró hoy, día 8, una recepción conmemorativa por el 80.º aniversario de la victoria en Europa en la II Guerra Mundial, a la que asistió el presidente Lai Ching-te (賴清德), quien pronunció un discurso. Lai subrayó que Taiwán y Europa enfrentan hoy la amenaza de nuevos regímenes autoritarios, por lo que, al conmemorar la paz alcanzada tras la Segunda Guerra Mundial, es fundamental no olvidar las lecciones de la historia. En sus palabras, el mundo libre y los países que valoran la libertad deben unirse y cooperar para impedir que los agresores encuentren oportunidades para expandirse.
Lai señaló que este acto marca la primera vez que Taiwán conmemora oficialmente la victoria en Europa, lo cual simboliza una conexión cada vez más estrecha entre Taiwán y la comunidad internacional. Recordó que hace 80 años, los representantes nazis se rindieron a los Aliados, poniendo fin a la guerra en Europa, lo que permitió concentrar esfuerzos en el Pacífico, que también concluiría tres meses después. Esta victoria marcó el inicio de una nueva etapa en la historia de la humanidad: la reconstrucción del mundo y la búsqueda de una paz duradera.
El presidente destacó tres significados esenciales en esta conmemoración. Primero, que la victoria fue fruto de la unidad global contra la agresión y en defensa de la paz; afirmó que ninguna justificación ideológica puede legitimar la invasión armada de otro país, y que solo la defensa firme de la libertad y la democracia —acompañada de fuerza y unidad— puede garantizar una paz auténtica. En segundo lugar, remarcó cómo los antiguos países del Eje se convirtieron en democracias plenas, disfrutando hoy de prosperidad y respeto internacional. Esto, dijo, demuestra que solo la libertad y el respeto por la dignidad humana conducen al verdadero desarrollo.
En su intervención, Lai citó al general Dwight D. Eisenhower, entonces comandante de las fuerzas aliadas, para resaltar que la defensa de la democracia exige vigilancia y fortaleza constantes. Finalmente, advirtió que la Segunda Guerra Mundial estalló por la expansión del autoritarismo, pero también por la pasividad frente a las agresiones. Permitir concesiones solo alimenta la codicia del agresor, hasta que las democracias caen y la libertad desaparece. Por ello, subrayó que las naciones libres deben mantenerse unidas para que la ambición de los autoritarios no encuentre resquicio, y para que las futuras generaciones puedan seguir viviendo con libertad y dignidad.