La Isla Verde, frente a la costa de Taitung, es uno de los destinos turísticos más populares de Taiwán. El establecimiento de un Museo de los Derechos Humanos, que se deriva del hecho de que la isla fuese un territorio penal para presos políticos y víctimas del terror blanco, atrae todavía a más turistas, y sólo el año pasado recibió 340.000 visitantes. El 70% de los mismos fueron atraídos por la historia ligada a los derechos humanos.
El Parque de la Cultura y Derechos Humanos de Isla Verde, establecido por la Oficina Preparatoria del Museo Nacional de Derechos Humanos, perteneciente al Ministerio de Cultura, incluye como principales puntos de interés: el “Área de Reeducación”, la cárcel militar “Villa Oasis” y un monolito conmemorativo con los nombres de todas las víctimas de la época del Terror Blanco.
El Área de Reeducación es el primer lugar al que fueron enviados los primeros presos políticos en la década de los 50 y puede verse aún el viejo lugar donde estaba la cantina, ahora restaurada, pero también se percibe el ambiente brutal en el que tenían que vivir los presos. Además, la sala de objetos y el salón de cera muestran cómo hasta en las más duras condiciones los presos políticos buscaban una manera de elevar sus espíritu. Víctimas como Huang Guang-hai, utilizaba pelotas de voleibol para representar el globo terráqueo e investigar el “gran mundo”. Tras 21 años en la prisión, recibió una compensación económica y ahora, cada año viaja a una parte del mundo diferente para ver con sus propios ojos lo que intentó representar en una pelota durante 21 años de prisión.
La “Villa Oasis” fue otro recinto habilitado para los presos políticos del Terror Blanco. El ambiente es tétrico. En celdas más bien pequeñas se hacinaban más de 10 presos que comían, bebían y hacían sus necesidades en el mismo lugar. Muchas víctimas que han regresado al lugar todavía no pueden creer cómo sobrevivieron.
RTI