El mijo taiwanés es de grano pequeño, con un sabor distintivo; pero hay más en el mijo de lo que parece.
Desde la antigüedad, dondequiera que existieron comunidades indígenas había mijo. Según el Consejo de Agricultura, en la década de 1960, el mijo se cultivaba en unas 6000 hectáreas de tierra en Taiwán. Era el cultivo básico de los pueblos indígenas y una ofrenda importante en los rituales tribales. Las principales celebraciones anuales giraban en torno a la siembra y cosecha de mijo.
Con la emigración de los jóvenes de las comunidades indígenas, la superficie de tierra plantada con mijo se redujo drásticamente y han desaparecido más de 200 variedades de mijo. Este casi abandono del cultivo de mijo trajo consigo la disolución de algunos elementos de la cultura indígena. Solo con la reanudación del cultivo del mijo, las variedades autóctonas de este cereal comienzan a recuperar su condición de portadoras de un cultivo sostenible.
Radio Taiwán Internacional
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