"Señor, haz de mí un instrumento de tu paz; donde hay odio, déjame sembrar amor; Donde haya dolor, perdón; donde hay duda, fe; donde hay desesperación, esperanza; donde hay oscuridad, luz; Dónde hay tristeza, alegría." —Oración de san Francisco
Visitamos la Iglesia Católica Hsincheng en Xincheng, Condado de Hualien una mañana a principios de otoño. Pasando a través de la alta puerta japonesa (torii) y ascendiendo por el camino de adoración (sandō) que se estrecha gradualmente, llegamos a la pequeña plaza donde una vez estuvo el salón de adoración (haiden) de este antiguo santuario sintoísta. De pie allí, rodeado de altos y vigorosos pinos antiguos, te das cuenta de que este es el centro de la tierra sagrada.
"Este camino de adoración es un camino que guía a las personas de regreso a Dios", dice el padre Gabriel Délèze de la Iglesia Católica Hsincheng. “Este fue una vez un campo de batalla sangriento, pero ahora es un lugar de oración. Espero que Dios pueda garantizar la paz en Taiwán y en todo el mundo”. Sopla un viento fresco que susurra las ramas de pino, como si estuvieran repicando con la oración del padre Délèze.
Radio Taiwán Internacional
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