En la época anterior a la refrigeración, la conservación de alimentos durante largos periodos no era tarea fácil. Sin embargo, nuestros antepasados hicieron un buen uso de los recursos naturales y su propio ingenio para desarrollar lo que se han convertido en disparadores de nostalgia, como el jamón de Parma, el jamón ibérico, el jamón de Jinhua, la carne curada de Hunan y otras delicias similares.
Estos sabores antiguos también se conservan en las islas de Taiwán mediante el uso de métodos de conservación como el secado al sol, la salazón y el ahumado. La carne, tan difícil de mantener fresca, desarrolla su propio terroño al pasar por varias rondas de procedimientos complejos, variando según la forma en que las diferentes comunidades responden a sus entornos y siendo calentada por el fuego del tiempo.
Radio Taiwán Internacional
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