Los buceadores se sumergen en el agua para plantar trozos de coral en los huecos triangulares de un arrecife artificial de hormigón. Mientras tanto, en tierra, los residentes locales plantan árboles en macetas. Uno podría decir: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", pensando que la tierra y el mar pertenecen a un ámbito distinto. Pero, en realidad, la tierra y el mar no son reinos separados. Más bien, sus destinos están unidos.
En los últimos años, el gobierno del condado de Penghu ha hecho un gran esfuerzo para plantar árboles y restaurar los arrecifes de coral, participando en una recuperación ecológica que abarca su interconexión. No es una ilusión decir que plantar árboles puede proteger la pesca. Se trata de una labor que aporta múltiples beneficios.
Radio Taiwán Internacional
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