La edición digital de National Geographic en inglés hoy día 5 ha publicado un artículo que presenta 5 destinos considerados como joyas que revelan el lado más salvaje de Taiwán —desde aldeas costeras indígenas hasta bosques remotos en las montañas— donde la tradición y la naturaleza están profundamente entrelazadas. Estos 5 destinos son: Pinglin, Isla Xiaoliuqiu, Dulan, Pingtung y Alishan.
Para muchos viajeros, Taiwán comienza y termina en Taipéi, atraídos por sus densos mercados nocturnos y el té de burbujas, pero más allá del bullicio de motonetas y rascacielos de la ciudad capital, se encuentra una isla definida no solo por su comida, sino por su asombrosa biodiversidad.
Pinglin es un distrito montañoso moldeado por el té y se encuentra a tan solo una hora en coche al sureste de Taipéi, aguas arriba del embalse Feitsui, la principal fuente de agua potable para más de seis millones de personas en el área metropolitana de Taipéi. Para proteger esta cuenca hidrográfica, el gobierno implementó estrictas regulaciones ambientales en la década de 1980, limitando la construcción a gran escala y el desarrollo industrial. Es increíblemente rica en helechos arbóreos, un grupo de plantas muy antiguo que existen desde la época de los dinosaurios. El Museo del Té de Pinglin ofrece una mirada completa de cómo se cultiva, procesa y prepara el té y su Calle Antigua de Pinglin está llena de acogedoras casas de té que sirven la cosecha más reciente de la temporada y servida por los propios agricultores.
Justo frente a la costa suroeste de Taiwán, Xiaoliuqiu es un paraíso para el buceo, rodeado de tortugas verdes y coloridas pozas intermareales, con un ecosistema marino sumamente diverso. Es uno de los lugares de buceo más accesibles de la isla que se llega en menos de cinco horas desde Taipéi, incluyendo un corto trayecto en ferry de 25 minutos desde el puerto de Donggang, siendo mayo a septiembre la mejor temporada para bucear cuando el mar está calmo y cristalino.
Dulan se encuentra en el Condado de Taitung y es un reconocido destino para el surf, pero también es el hogar del pueblo indígena Amis. Los Amis tienen una profunda conexión con el océano: cuando baja la marea, las mujeres se adentran en las aguas poco profundas para recolectar mariscos, igual que lo hacían sus abuelas. Hoy en día, Dulan también se ha convertido en un centro de creatividad, cada vez más frecuentado por artistas, músicos y migrantes extranjeros que deciden establecerse allí. Aquí se celebra el Festival de Música Amis, un evento de cultura indígena que atrae a artistas de todo Taiwán.
Más al sur se encuentra el condado de Pingtung, que produce gran parte de la fruta del país —desde manzanas de cera y lichis hasta piñas, mangos y plátanos— gracias a su clima tropical y a una temporada de cultivo que dura todo el año. Pero sus montañas albergan historias tan ricas como sus tierras bajas. La región está impregnada de biodiversidad e historia, incluidos los antiguos senderos utilizados por los pueblos indígenas y los primeros exploradores occidentales para llegar a remotas aldeas indígenas de piedra. Con el paso de los años, los residentes han retomado la agricultura tradicional, cultivando mijo, quinua roja, taro y jengibre mediante métodos de bajo impacto.
A más de 2000 metros sobre el nivel del mar, la elevada altitud de Alishan y sus crestas orientadas al este lo convierten en uno de los mejores lugares de Taiwán para contemplar el amanecer. El tren forestal de Alishan fue construido originalmente durante el dominio japonés y ofrecía transportes de troncos de ciprés desde lo profundo de las montañas, conectando senderos, plantaciones de té y aldeas envueltas en niebla. Aquí los agricultores cultivan el famoso oolong de alta montaña de Taiwán a más de 1000 metros de altitud, donde el aire fresco y brumoso ralentiza el crecimiento de las hojas y concentra su aroma. El marcado contraste entre los días cálidos y las noches frías intensifica el sabor floral del té, mientras que el suelo rico en minerales aporta claridad y profundidad.