La imposición de un arancel del 32 % por parte de Estados Unidos sobre productos taiwaneses ha provocado preguntas sobre por qué Taiwán no responde con medidas similares, como sí lo han hecho China continental, Canadá y posiblemente la Unión Europea. El Gobierno taiwanés, sin embargo, ha decidido no adoptar represalias y, en su lugar, buscar negociaciones para eliminar aranceles. Expertos explican que, debido al tamaño reducido del mercado taiwanés, el país carece del poder económico para implementar sanciones recíprocas efectivas.
Los especialistas advierten que usar a TSMC como ficha de presión podría generar riesgos, ya que EE. UU. podría restringir el acceso de Taiwán a componentes clave, como maquinaria de ASML o software de diseño. Además, dado que los principales productos que Taiwán importa de EE. UU. son armas, aplicar restricciones sería poco realista. Por tanto, una estrategia de represalia directa no es práctica para Taiwán y podría volverse en su contra.
En lugar de confrontación, los analistas proponen un enfoque pragmático centrado en intereses concretos. Taiwán debería posicionarse como socio clave en la reindustrialización estadounidense, ofreciendo inversiones, compras estratégicas y cooperación tecnológica. La negociación debería iniciarse con la meta de “cero aranceles” como punto de referencia, y centrarse en obtener el mismo trato arancelario que otras naciones.