El anuncio de Donald Trump sobre la aplicación de un arancel del 32 % a los productos taiwaneses ha generado preocupación entre los expertos, quienes advierten sobre el fuerte impacto en las relaciones económicas y políticas entre Taiwán y EE. UU. Aunque los semiconductores quedan excluidos, la medida debilita la competitividad de la industria taiwanesa en el mercado estadounidense. No obstante, si EE. UU. aplica tarifas similares a otros países, los precios internos podrían subir considerablemente, afectando su propia estabilidad económica.
Expertos como Chen Wen-jia (陳文甲) y Gordon Sun (孫明德) de la Universidad de Kainan (開南大學) y el TIER respectivamente han señalado que el arancel podría obligar a las empresas taiwanesas a relocalizar sus centros de producción o modificar sus cadenas de suministro para mitigar el impacto. Industrias clave, como la de semiconductores y manufactura electrónica, sufrirían una fuerte presión competitiva, especialmente porque los productos surcoreanos enfrentan un arancel menor. Además, la decisión de aplicar la tarifa del 32 % a todos los productos, en lugar de limitarla a sectores específicos, agrava la situación.
Ante este panorama, las empresas taiwanesas podrían verse obligadas a absorber parte del costo de los aranceles o trasladarlo a los consumidores, además de buscar nuevos mercados para reducir su dependencia de EE. UU. También existe el riesgo de que Taiwán reciba un excedente de productos de otros países debido a las restricciones comerciales en Estados Unidos. A pesar de estos desafíos, algunos expertos creen que Trump podría estar dejando espacio para futuras negociaciones, especialmente si el impacto en la economía estadounidense se vuelve insostenible.