Estados Unidos ha aprobado un subsidio de 6600 millones de dólares para TSMC, que permitirá la construcción de tres fábricas de semiconductores en Arizona. Una de ellas, Fab 3, trabajará con procesos avanzados como el de 16 nanómetros A, considerado una versión mejorada del proceso de 2 nanómetros. Aunque esto ha generado preocupaciones sobre la fuga de tecnología crítica hacia Estados Unidos, expertos argumentan que la relación entre ambos países en la industria de los semiconductores es complementaria y mutuamente beneficiosa.
Estados Unidos lidera en diseño de circuitos integrados, mientras que Taiwán sobresale en manufactura y pruebas de ensamblaje. Este equilibrio estratégico permite que ambos países aprovechen sus fortalezas respectivas sin que ello implique una transferencia indeseada de tecnología. El experto Chen Tzu-ang (陳子昂) ha calificado las preocupaciones sobre fuga tecnológica como infundadas, argumentando que el proceso de manufactura y las pruebas tienen características distintivas que limitan su replicabilidad.
A pesar del atractivo de los subsidios, estos incluyen restricciones significativas, como la prohibición de recompras de acciones y la obligación de compartir beneficios excesivos. Aunque estas condiciones son aplicables a todas las empresas extranjeras, su impacto a largo plazo en la autonomía operativa de TSMC está por verse. Además, el éxito del regreso de la manufactura a Estados Unidos dependerá de factores económicos y estratégicos, especialmente considerando que su pérdida de competitividad fue resultado de decisiones previas.