La Asociación de la Industria de Semiconductores de Estados Unidos (SIA, siglas en inglés) ha publicado un nuevo estudio en el que afirma que la cadena de abastecimiento mundial de semiconductores es cada vez más proclive a recibir un impacto negativo producto de desastres naturales o turbulencia política. Esto debido a que la producción de estos implementos electrónicos se concentra en ciertas regiones.
La demanda insatisfecha de obleas semiconductoras comenzó a finales del año pasado, cuando los productores taiwaneses recibieron un total de pedidos que superaba la capacidad productiva. Luego, este año, una compañía japonesa del sector sufrió un incendio, el estado de Texas fue golpeado por tormentas de nieve que ocasionaron cortes de luz y Taiwán sufre los estragos de escasez de agua. La concurrencia de estas situaciones ha ocasionado que la escasez de obleas semiconductoras se intensifique. La industria automotriz de Estados Unidos, Europa y Asia ha tenido que detener parcialmente su producción por esta causa.
La producción de semiconductores modernos sigue un proceso que suma más de mil etapas e integra complejas tecnologías de propiedad intelectual, herramientas y productos químicos de diversas partes del mundo. En este escenario, la Asociación de la Industria de Semiconductores de Estados Unidos explica que la cadena de suministro de estos implementos abarca más de 50 lugares, pero que una sola región contiene el 65% de la cuota del mercado.
El estudio provee un ejemplo: los derechos de propiedad intelectual y aplicaciones informáticas necesarias para el diseño de obleas semiconductoras modernas son de dominio de Estados Unidos. La producción del gas especial que se utiliza en la manufactura de las obleas proviene de Europa y la producción de los más avanzados semiconductores se realiza en Asia, y particularmente en Taiwán, con el 92% de este mercado.
En el hipotético de que Taiwán se viese impedido de producir obleas semiconductoras, la industria mundial electrónica sufriría una disminución de sus ingresos de cerca de USD 500 mil millones, en palabras de la SIA: “se trataría de una paralización de la industria electrónica mundial”.